Mi primera Barbie

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El sábado por la mañana salimos en busca de gangas al Ann Arbor Kiwanis Sale. Una tienda de tres plantas donde es posible encontrar todo tipo de objetos de segunda mano a muy buenos precios. Desde discos y libros, pasando por muebles y electrodomésticos, hasta incluso una colección de vestidos de novia. Me encantó la sección de electrónica en la planta superior: ordenadores, televisores y teléfonos de otras décadas que sin ninguna duda enamorarían a los habituales del Polvorín.

Sin embargo, fue en la zona infantil donde no pude evitar ser atrapada por el contenido de una cajita, que bajo la etiqueta de “Hoy, Ken y Barbie a mitad de precio” guardaba una docena de muñecas. Ya sé que desde un punto de vista feminista, no era una buena opción de compra, pero era la espinita clavada que arrastraba desde cuando era pequeña. Los Reyes, que en mi casa estaban abonados a la Nancy, nunca me trajeron la soñada Barbie. Asi pues, el sábado me dije que por el módico precio de tan sólo un dólar, era hora de saldar esa deuda. Me puse a rebuscar entre las muñecas y, eso sí, me decidí por la que desafiando su propia naturaleza Barbie, lucía una cabellera morena. Aunque más bien debería decir greñas, en casa dediqué más de media hora (en un nuevo viaje a la infancia) a lavar, peinar y cortar su melena. Doesn’t she look lovely?


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