Madrid Calling

Alguna vez te has parado a pensar cómo era tu vida antes de que te asomases al universo Internet. Cómo organizabas tus viajes, cómo encontrabas información sobre mil y una historias, cómo te comunicabas con tus amigos, con los que están en el escritorio de al lado o con los que están en la otra punta del planeta. Yo tengo dificultades para recordar esos tiempos y doy gracias cada día porque esta red de redes, nacida con objetivos estratégico-militares, haya acabado por convertirnos a todos en una especie de “Alicias” descubriendo el “país de las maravillas” al otro lado de la pantalla.

Recuerdo, eso sí, los primeros momentos de acercamiento a Internet a finales de los 90 en Compostela. Mientras las ilustres piedras que nos rodeaban conmemoraban sus 500 años de historia, Rob Gordon y yo nos dedicábamos a teorizar sobre el ciberespacio, las autopistas de la información y la sociedad digital. Era también la época en que empezaban a proliferar los teléfonos móviles. Recuerdo que una noche de las vacaciones de Navidad, recibí la llamada de Rob, superemocionada porque estrenaba su primer teléfono móvil (gentileza de Papá Noel). Guau, aquel pequeño ladrillito anaranjado marca Alcatel era el pasaporte a otra esfera. Rob muy amablemente me permitió compartirlo, hasta que finalmente pude financiarme un Siemens, por cierto, feísimo.

Diez años más tarde, acabo de recibir una llamada de Rob Gordon, estrenando su primera webcam y nos hemos vuelto a ilusionar. A miles de kilómetros de distancia, separadas por el Atlántico, una pantalla me trasladaba a Madrid, a una calle, a una casa, a un sofá, a una amiga. Alucinante. Esperaré diez años más para recibir otra llamada, quién sabe, la teletransportación podría ser el siguiente paso.


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