In the States (II)

Vista de Detroit

Primer día de la segunda parte de mi aventura americana. Aún aturdida por la resaca de nervios, sentimientos y pensamientos vertiginosos que durante la última semana me acompañaban donde quiera que fuese. Ayer, poco antes de que expirase mi permiso de estancia legal en Estados Unidos, observaba el perfil de la fantasmagórica Detroit desde la orilla canadiense del río que comparte nombre con la ciudad del motor. Momentos después cruzaba el túnel subterráneo que me llevaría hasta el mostrador de un agente de inmigración. En el transcurso de una hora, me hizo mil preguntas, revisó todos mis papeles, y registró mi bolso y cartera de manera minuciosa. Finalmente y confirmando todos mis miedos, me comunicó que había tomado la decisión de concederme sólo un día más de estancia en el país para que tuviese tiempo de recoger todas mis cosas y conseguir un vuelo de vuelta a España.
Pero entonces, como si estuviese en un sueño o en una película, se produjo el milagro. Tras un intercambio de palabras entre lágrimas se volvió a reunir con su supervisora y modificó su decisión. Y por eso, aunque todavía sigo en estado de ’shock’, me siento feliz porque me han dado una segunda oportunidad. Es una experiencia que no recomiendo a nadie y por la que juro no volveré a pasar. Prometo versión extendida de la historia entre tapas de tortilla.


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