En el jardín de Marlena





Sin casi darme cuenta, agradables rutinas se han apoderado de mis mañanas de los miércoles en Ann Arbor. Con Marlena, divertida y dicharachera compañera de conversaciones, visito el Farmers’ Market, el mercadillo de granjeros locales que inunda de colores el distrito de Kerrytown. Aromas y sabores invitan a recorrer todos los puestos, catar el género (fresas y cerezas especialmente) y por supuesto acabar con un par de bolsas de productos frescos (como los “increíbles tomates” que saben a tomates) y los irresistibles ramos de flores silvestres. Tras el mercado, Marlena que es artista (de las que modelan, pintan y esculpen) me permite ver los avances en su última creación: el jardín de su casa. Un pequeño oasis de tranquilidad donde refugiarse del intenso calor y chill out. Es el momento en el que Marlena (sin ni siquiera preguntarme) me servirá una copa de vino, encendará un cigarrillo y cual profesional de la stand-up comedy me entretendrá con historias sobre dos de sus grandes pasiones: el tango y los hombres.


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