Placeres Mundanos

A Coruña. Pub Dublín. Tabaco para o Asilo. Aunque tras este lema algunos podrían imaginar una oscura campaña de sospechosas intenciones dirigida contra la Tercera Edad, yo prefiero pensar que se trata de una entrañable misión para llevar a los más mayores felicidad en forma de cajetilla. Y es que en el asilo, entre lo largo de los días y lo corto de las pensiones, la llegada de esos cigarrillos debe iluminar los ojos cansados de más de uno. Y lo digo yo, que de niña tantas veces acudí al estanco con las pesetillas justas y bien contadas que me entregaba mi abuelo para que le fuese a comprar su inseparable paquete de Celtas.
Con el paso de los años acabé riñéndole cada vez que le pillaba fumando, algo que tenía prohibido por motivos de salud. Hoy por hoy, la verdad es que supongo que cuando uno pasa ya de ochenta o acaba en el asilo, tiene más que derecho a disfrutar de vez en cuando de un Habano, un Cognac o un buen cocido sin ir más lejos.


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