Viaje al paÃs de los Amish
Los Amish son descendientes (claramente) de las congregaciones menonitas holandesas y suizas que emigraron a Estados Unidos durante el siglo XVIII. Un viaje a los condados Amish de Ohio es una visita al pasado, donde los miembros de esta comunidad llevan una vida sencilla alejados de sÃmbolos de la modernidad como la electricidad, el teléfono o los vehÃculos motorizados. Por eso, cuando mis compañeras de viaje y yo nos infiltramos en su territorio, fue como retroceder en el tiempo. Tras los cristales de nuestro coche, comenzaron a desfilar calesas tiradas por caballos con hombres, mujeres y niños vestidos de otra época.
Avanzábamos a medio gas por los caminos y cada vez que Julia nos advertÃa de un Amish a la vista, Carmen y yo desenfundábamos nuestras cámaras para intentar fotografiarlos. No fue tarea fácil, primero, porque Ãbamos en marcha, y segundo, porque no querÃamos que se diesen cuenta de que los enfocábamos, ya que su religión les prohÃbe posar en fotografÃas. Asà fue como, sin querer y entre risas, nos convertimos en una especie de paparazzis en el paÃs de los Amish.

Ohio
Julia, Carmen y yo decidimos tirar millas y visitar Ohio, donde reside la comunidad Amish más numerosa de Estados Unidos. Ohio es uno de esos estados tÃpicos del Medio Oeste americano, donde la vida pasa sin sobresaltos en medio de campos y graneros. Un lugar que tiene como lema oficial “con Dios todas las cosas son posibles” y donde uno imaginarÃa la vida de personajes como Alvin Straight (Una historia verdadera de David Lynch) o Rose Nylund (Las chicas de oro). Y aunque Ohio sea sinónimo de aburrimiento y motivo de huÃda para muchos estadounideses, lo cierto es que ha jugado siempre un papel importante en las elecciones generales y de hecho fue el estado que decidió el resultado final de las presidenciales de 2004 que ganó George W. Bush.
Y ahÃ, en medio de Ohio, las tres gallegas. La primera parada del viaje fue un restaurante familiar americano en la carretera: Mellor’s. Fue poner un pie dentro y entrar de lleno en una pelÃcula (para Julia sin duda, en Tomates Verdes Fritos). Allà estaban los viejos con gorra y vaqueros de peto y las camareras con pelo exagerado y cafetera en mano, tan sólo echamos de menos que no entrase en el local el sheriff del condado.
No eran más que personas con vidas normales, probablemente plagadas de hastÃo y rutinas, pero frente a ellas, nosotras (que probablemente hemos visto demasiadas pelÃculas) las observábamos con asombro y sonrisa permanente. Disfrutamos de una comida casera y barata y dijimos adiós para volver a la carretera y llevar a cabo la operación denominada “A la caza del Amish”… To be continued.



New York on my mind
No sé ni cuándo ni cómo empecé a fantasear con la idea de algún dÃa visitar Nueva York. Recuerdo eso sà que en mi 22 cumpleaños recibà una guÃa (que “devoré”) de esta ciudad con la que ya soñaba. Y recuerdo también las Torres Gemelas que perfilaban el mÃtico skyline neoyorkino que algún dÃa esperaba admirar en persona. Mi fascinación creció dÃa a dÃa alimentada por escenas y fotogramas de tantas pelÃculas (bastarÃa con nombrar a Woody Allen) y series como Friends y Sex and the City, de las que me confieso devota.
Acompañada de tal bagaje, llegó el dÃa (4 de julio, para más inri) en el que cumplà mi sueño y descubrà la Nueva York de verdad. Como en una larga relación de viejos compañeros, no hubo sorpresas, tampoco decepciones. Reafirmé en mi memoria el caos de luz y sonido en Times Square, el color de Chinatown y Little Italy, el espectáculo de Broadway, la tranquilidad del East y Greenwich Village, la decadencia del subway, el carácter de Harlem, el oasis de Central Park, el amarillo frenético de los taxis y la belleza espléndida y sobrecogedora de Manhattan desde lo alto del Top of the Rock o desde la orilla de Brooklyn.

Family Matters
Vuelta a la normalidad tras casi dos semanas de vacaciones de estas largas vacaciones. Cansancio acumulado y resaca de kilómetros compensados por la ilusión de recibir a las dos valientes que se atrevieron a cruzar el charco para compartir con nosotros comidas exóticas, literas en habitaciones minúsculas (eso sÃ, en Manhattan), caminatas interminables por bosques de cuento y por puentes de pelÃcula, viajes en avión, barco, tren, autobús, coche y hasta canoa, cócteles por todo lo alto en Chicago (piso 96), conciertos en fuentes, hot dogs en Central Park y mil recuerdos más grabados en tal vez dos mil fotos más. Sin olvidar claro, las entrañables discusiones (y es que sino, no son vacaciones). Hasta la próxima. Firmado: la subversiva y paposa.

Los Inercia Live
Las clases de canto, dicción e interpretación finalmente han merecido la pena (je, je). Bueno, la verdad es que me he divertido tanto viendo este vÃdeo, que he decidido compartirlo con el resto del mundo (que os aproveche y no seáis crueles).
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