Tarde en el béisbol
Finalmente ayer fuimos a Detroit, ciudad que en su dÃa fue un motor económico gracias a la industria del automóvil y que ahora vive horas bajas. A pesar de que para muchos es un lugar olvidado, sinónimo de pobreza, peligro y caos, la verdad es que ofrece algunas experiencias únicas que merece la pena disfrutar. Y asà lo hicimos. Primero, visita al Mexicantown, donde se asienta gran parte de la comunidad latina de Detroit y donde se puede disfrutar de auténtica comida mexicana. Nos dirigimos al recomendado Mi Pueblo: jukebox con rancheras, familias mexicanas y hasta un bautizo hacÃan difÃcil recordar que seguÃamos en territorio estadounidense. Nos regalamos un festival de margaritas, tortillas, pinchos de “camarones”, chiles y carnitas seguido del “famoso” pastel de tres leches. Primera, y obviamente, última comida del dÃa. La siguiente parada: Comerica Park, el estadio de baseball donde juegan los Tigers de Detroit. Después de tres horas de partido, puedo decir que ya casi entiendo de qué va este deporte y no voy a ocultar que le encuentro cierto encanto, sobre todo, porque en mi mente está directamente asociado a los entrañables Charlie Brown, Calvin y sus respectivas “mascotas” Snoopy y Hobbes, con los que he pasado tan buenos momentos. Siendo objetiva, si lo comparo con el fútbol o el baloncesto, el juego resulta más bien aburrido, pero los “americanos” que son expertos en crear espectáculo, consiguen adornarlo, generando gran atmósfera y haciendo vibrar a una audiencia entregada a los hot dogs, a la cerveza, y a sus Tigers, claro. Go, go, go!

En el jardÃn de Marlena




Sin casi darme cuenta, agradables rutinas se han apoderado de mis mañanas de los miércoles en Ann Arbor. Con Marlena, divertida y dicharachera compañera de conversaciones, visito el Farmers’ Market, el mercadillo de granjeros locales que inunda de colores el distrito de Kerrytown. Aromas y sabores invitan a recorrer todos los puestos, catar el género (fresas y cerezas especialmente) y por supuesto acabar con un par de bolsas de productos frescos (como los “increÃbles tomates” que saben a tomates) y los irresistibles ramos de flores silvestres. Tras el mercado, Marlena que es artista (de las que modelan, pintan y esculpen) me permite ver los avances en su última creación: el jardÃn de su casa. Un pequeño oasis de tranquilidad donde refugiarse del intenso calor y chill out. Es el momento en el que Marlena (sin ni siquiera preguntarme) me servirá una copa de vino, encendará un cigarrillo y cual profesional de la stand-up comedy me entretendrá con historias sobre dos de sus grandes pasiones: el tango y los hombres.
Extreme Makeover
Sesión de Photobooth Therapy en la que todos los participantes literalmente acabamos llorando de risa.

Camarera, por favor

Basta con ir a un par de bares y cuatro restaurantes para darte cuenta de que los camareros en Estados Unidos son bastante diferentes a los de España. Para empezar, te sonreirán y mostrarán interés en cómo ha ido tu dÃa, se acercarán a tu mesa en múltiples ocasiones para comprobar si te gusta lo que estás consumiendo ó si necesitas algo más. Y si dado el caso, les pidieses que bailasen una jota aragonesa, seguro que harÃan el esfuerzo y lo intentarÃan. Este comportamiento viene determinado seguramente por el hecho de que sus sueldos son muy bajos, según me han dicho son inferiores al salario mÃnimo, por lo que dependen de las propinas para “sobrevivir”. Es por eso que el dejar una propina de entre un 15 y un 20 % del total, es prácticamente una norma en este paÃs.
En España, claro, los camareros no se matan por conseguir 50 céntimos de propina (si hay suerte) y lo normal es que pasen de ti y no te dediquen ni una sola sonrisa. Ya sé que no todos son asÃ, pero sinceramente y como dirÃa nuestro amigo andaluz: “Estoy deseando llegar a Graná y pedirle una caña a la tÃpica “mala follá” que no te hace ni caso”.
Yo también echo de menos al camarero que casi no sonrÃe, que no me pregunta qué tal estoy ni si me gusta la comida ó si quiero otra Coca-Cola un mÃnimo de tres veces, que evita mirarme y si quiero que se acerque a mi mesa tengo que llamarlo cuatro veces y hacer todo tipo de señales para conseguir que me traiga la cuenta. Cuando esté de vuelta en casa, seguro que echo de menos cierta simpatÃa, pero ahora mismo es insufrible tener que aguantar tanta “amabilidad”.
Michigan Weekend
Imágenes del pasado fin de semana al más puro estilo Michigan. Viernes, noche de verano en mayo y barbacoa en el backyard de la casa del chef/historiador de New Mexico. Sábado, más de tres horas remando en una canoa por el rÃo Huron. Una auténtica aventura accidentada y pasada por agua, pero inolvidable y muy divertida, por algo el canoeing es la actividad al aire libre que más se practica en Michigan. El domingo, por supuesto, no faltó uno de mis momentos favoritos de la semana, el Sunday Brunch. Todas ellas actividades muy americanas, pero que sinceramente no distan mucho del modo de vida gallego, asà que espero continuar con estos fines de semana de vuelta a casa.
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